Este año Navidad ha sido diferente.
En apariencias se ve como otra Navidad con arbolitos con luces y ornamentos, aguinaldos, regalos.
Esta vez me puse a recordar la Navidad de mi niñez. Vivía en Caracas, Venezuela. De noche las calles se llenaban con los muchachos del vecindario en sus patines. Los cantores de villancicos tocando cuatro y maracas de puerta en puerta, cantando, charlando y tomando Ponche Crema. Amigos y familiares apareciéndose con regalos y golosinas. Alegría y gratitud eran palpables en todo entorno.
Lo que más me gustaba era salirme callada de la cama y recostarme a oscuras en la sala al lado del pino de navidad resplandeciente de luces. El aroma de pino llenaba toda la sala y el resplandor de las luces me transportaba a lugares lejanos de mi imaginación. Mi corazón rebozaba de amor y alegría.
Los recuerdos de Navidades de antaño me hicieron meditar acerca de su verdadero significado.
Decidí ser testigo de la vida desde ambos lados del arcoíris.
Las siguientes son algunas de las experiencias que tuve los días antes de Navidad:
Me invitaron a una fiesta navideña en la que se intercambiarían regalos sin uno saber de quienes eran.
Yo compré una taza para café blanca con copos de nieve azules, la rellené de caramelos y la puse dentro de una bolsita azul y blanca. Este sería mi regalo sorpresa para la fiesta.
Momentos antes de salir de casa para ir a la fiesta tuve la corazonada de agregar a la bolsa de regalo una de las cajas de tarjetas de contemplación. Pensé que sería interesante ver quien escogería este regalo.
Cuando fue el momento de escoger los regalos vi que las bolsas de los otros regalos eran mucho más grandes y que mi bolsita estaba escondida hacia un lado de la mesa detrás de una bolsa muy grande.
Los invitados comenzaron cada cual a escoger un regalo hasta que llegó el turno de un jovencito Latino. No tendría más de veinte años. Cuidadosamente se puso a buscar su regalo. Mi bolsita aun seguía escondida detrás de un regalo grande. Sin pensarlo dos veces el muchacho escogió la bolsita azul y blanca, la abrió y sacó la caja de tarjetas de contemplación. Miró el regalo con curiosidad e interés y regresó a su asiento. Cuando reconoció mi foto en la caja de tarjetas, el muchacho se acercó a mí y me preguntó si le podía ensenar como usar el regalo. Me senté al lado de él y le expliqué cómo hacerlo.
“Puedo hacer una pregunta para obtener un consejo?” Me dijo mientras barajeaba las tarjetas. Yo asentí con mi cabeza. El jovencito pidió con ojos cerrado, “Quiero saber cómo ser una buena persona!”
No hay palabras que describan este momento. Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar el consejo que este muchacho le pidió al Espíritu Santo. Sentí una inmensa gratitud hacia Dios por haberme dado la oportunidad de presenciar su trabajo divino. El jovencito recibió lo pedido y con felicidad en sus ojos me agradeció por el regalo tan especial. Yo lo agradecí de vuelta por el regalo que él me brindó
El Espíritu de Navidad en acción.
Un día, mientras estaba de compras, decidí ir a Whole Foods, para comer algo. El estacionamiento estaba repleto de carros y gente. Al doblar hacia una de las calles no me di cuenta que había gente cruzando y tuve que frenar rápidamente para evitar atropellar a un hombre mayor. Ambos nos asustamos y yo de inmediato le pedí disculpas. Pero el hombre estaba muy enojado y empezó a gritarme lanzándome una mirada llena de rabia. Nuevamente me disculpe, sin ningún aval. Me quede tranquila esperando que el señor se tranquilizar hasta que por fin se alejo hacia su auto aun muy malhumorado. Una señora que estaba detrás de él me sonrió con ojos amables. Yo le sonreí de vuelta en agradecimiento.
Todos nos equivocamos alguna vez y si reconocemos nuestro error y nos disculpamos con sinceridad la vida nos perdona. Podemos hacer esto cuando nuestros corazones están abiertos.
El corazón del señor mayor estaba lleno de las frustraciones del día mientras que el corazón de la mujer que lo seguía estaba abierto y lleno de agradecimiento. Yo me he encontrado en ambos lados de este arcoíris.
El Espíritu de Navidad en acción.
Yo presencié a una familia Cristiana disfrutando unos con otros en alegría y amor cuando de repente uno de ellos decidió hablar mal acerca de un político que no le agradaba. Había mucha rabia en sus palabras. La familia entera se unió con ella en vituperar y criticar al político y en cuestión de segundos vi como una familia amorosa se convirtió en un enjambre de demonios poseídos de odio descontrolado. Fue algo aterrador tener que presenciar tal cambio abrupto de comportamiento y personalidad.
Que causa tal cambio en las personas? Yo creo que es porque estas personas han olvidado lo que significa el espíritu de la navidad y han dejado que sus corazones se llenen de miedo en cambio de amor.
Esta experiencia “negativa” también es parte del espíritu de navidad en acción porque si hay algo que he constatado es que la presencia del CRISTO esta siempre dentro de TODOS. Somos nosotros los que escogemos de vivir desde SU presencia o no. Navidad es un recordatorio para abrir nuestros corazones y permitir que el espíritu de Cristo re-nazca en nosotros. Es el Nacimiento del Niño de Oro en nuestros corazones.
El Espíritu de Navidad en acción
Este año algunas de las personas que siempre se conectan conmigo para desearme felices fiestas navideñas no lo hicieron mientras que otras que nunca lo hacen de repente me contactaron. Me sentí triste por aquellos que se han olvidado de mí y mi corazón me dolía. Entonces el Espíritu Santo me habló: “Estás viendo esto a través de los lentes del dolor o los del amor?” “Estas reteniendo el amor hacia aquellos que te hirieron?” “Qué le pasa a tu corazón cuando retienes el amor hacia otros?”
Una de las cartas de las barajas me dio la guía final: “Tu actitud es la diferencia.”
Feliz Navidad para todos! Y que el espíritu del CRISTO entre en sus corazones y viva en ellos todos los días!
